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"ARTE SOY ENTRE LAS ARTES. Y EN LOS MONTES, MONTE SOY"
JOSE MARTI.

lunes, 31 de agosto de 2009

LA GENERACIÓN PERDIDA (ARTÍCULO)


Por: Iliana Curra

Hablar de mi generación es –posiblemente- todo un reto. Cuando se ha nacido apenas poco tiempo de haber llegado al poder un grupo de facinerosos imponiendo un régimen al que llamaron revolución y vivir en ella, no es nada fácil.

Nacimos dentro de algo que no escogimos, pero que tuvimos que aceptar como lo único. Desprovistos de información, vivimos en una concha marina –en el mismo fondo- sin ver más allá. El brutal adoctrinamiento a que fuimos sometidos fue muy bien preparado. Nada es espontáneo en un régimen donde todo se controla. Fuimos niños que quisimos ser como el Ché y resultó que el famoso guerrillero no fue más que un terrorista. Marchábamos como militares, pero éramos simplemente escolares. Repetíamos consignas en la escuela apoyando a los vietnamitas que los “yanquis” atacaban, y resultó que los vietnamitas todavía van a la par con los castristas y los americanos tienen el mejor sistema del mundo. Nos llevaban de la escuela a surcos improvisados a sembrar café y nos mostraban carteles que decían: “Para tomarlo, hay que sembrarlo”, pero, simplemente, no teníamos por qué sembrarlo, si no lo tomábamos. Y los que lo tomaban, aún sembrándolo, no lo tenían. No entendíamos nada. Vivíamos en el surrealismo tropical de una isla donde todos éramos iguales, pero había otros más iguales que nosotros.

“Los mejores van a Argelia”, fue otro eslogan de los años sesenta. Pero, los mejores iban a morir por algo que nadie comprendía. Los que se iban al “norte” resulta que vivían muy mal, pero nadie regresaba. Cuba se llenó de polacos, checos, rusos, alemanes, saharauíes, chipriotas, y luego de chilenos, salvadoreños, nicaragüenses y otras tantas nacionalidades. Los primeros eran nuestros hermanos salvadores, los segundos eran jóvenes pertenecientes a grupos guerrilleros que entrenaban en la isla, o que vivían ocultos por algo que habían cometido en sus países. Delincuentes políticos o sociales, no importa. Estaban en la isla, estaban en su madriguera porque en eso tristemente se convirtió mi país.

Mi generación vivió escaseces extremas, gracias a algo que llamaron “bloqueo” y que los americanos imponían con su poderío imperialista. Pero resulta que el régimen estaba recibiendo de sus hermanos soviéticos una gran cantidad de dinero impresionante, el cual utilizaban en la represión, porque económicamente siempre estábamos igual.

Carne rusa en lata era el manjar de nuestros tiempos. El chícharo y hasta el puré de papa instantáneo fueron alimentos que mitigaron el hambre que nos hacían pasar los americanos, a pesar de que la isla podía comprarle al mundo entero. Pero, evidentemente, era más importante emplear los recursos para la defensa del país. Pues, además de “bloquearnos” económicamente, los yanquis querían invadirnos. No recuerdo un momento en mi vida que no fuéramos a ser atacados para convertirnos en esclavos de los rubios del Norte, aunque ya lo éramos de los rubios del Este.

Mi generación aprendió a cantar canciones llamadas protestas que luego cambiaron por el nombre de La Nueva Trova. De las críticas sutiles al régimen, pasaron al apoyo sin discreción, y las protestas se convirtieron en soporte incondicional del gobierno castrista por obra y gracia de la represión.

Mi generación conoció las penurias, el adoctrinamiento y la música americana -a escondidas-. Conoció el trabajo forzado en las escuelas al campo, la doble moral y los discursos de nunca acabar de un dictador en auge. Conoció el miedo, la historia tergiversada y los juguetes racionados. Supo de los zapatos plásticos, las croquetas “pega-cielo” y las guaguas siempre abarrotadas. Conoció la cerveza a granel y la “guafarina”, las películas de guerra rusa y el marxismo-leninismo. Los “camilitos” y los desfiles militares para demostrar el poder socialista. Supo de Camarioca y el Mariel, del “bistec” de cáscara de toronja y del “picadillo” de cáscara de plátano. Conoció el arte de hacer inmensas colas y también de cargar el agua a cubos, de vestirse con lo que había y estudiar sin merendar. Desconoció la palabra desayuno y almuerzo, y conoció la de comida, gracias a la inventiva cubana. Supo de la libreta de racionamiento –que aún existe-, de un pescado llamado Jurel de la raza negra, del picadillo de soya y la tripa de perro. De la “McCastro” como contrapartida del McDonald –que no duró mucho- y de otros tantos ensayos comunistas.

Mi generación, perdida en el tiempo, flotó en un ateísmo brutal. Desconocimos a Dios y creímos en el Diablo. Supimos, de lo bueno, lo peor. Del vecino que te denuncia y del que te apoya sin decirlo. La simulación como mecanismo de defensa y el tren lechero que nunca llega. Las bicicletas rusas y luego las chinas. La historia del famoso ataque al cuartel Moncada donde su protagonista principal jamás entró. Las fiestas de quince y los derrumbes en La Habana. La historia verdadera contada bajito, y la fuerza del poder como freno a tus impulsos. Las balsas y los balseros. La conjugación de patria con Fidel Castro, bandera con marxismo. José Martí con Lenin. Los juicios aparentes y las cárceles lejanas. El rechazo al color verde olivo y el asco por el comunismo. Aborrecimiento total por un sistema incompetente y represivo. La rebeldía y las ansias de ser libre.

Eso es todo lo que mi generación, nacida dentro de lo que han llamado revolución, ha tenido que padecer. No es por gusto que la repulsión por la época siga existiendo. ¡Qué momento para nacer!

4 comentarios:

@Julita dijo...

Verdaderamente me has dejado impactada con tu Post!
Cuanta realidad!

Es como una generacion perdida en la nada, pero ahi quedan las heridas y hoy la has coloreado en tu Blog.

Esto deberia de servir para generaciones futuras y para que todos sepan que nos trae estas dictaduras.
Como dice Ninoska.....Para que nunca mas...

Iliana Curra dijo...

Gracias, Julita. Es la realidad de una generación que ha tenido que padecer tanto que, hasta a veces da lástima.

Josefina Llanes dijo...

He leido cuatro veces tu articulo la generacion perdida y aunque no lo creas es tan terrible que ni la novela de terror peor que pueda haber le gana en daño a varias generaciones.Siempre leo todo lo que escribes y te respeto mucho.

Iliana Curra dijo...

MUCHAS GRACIAS. SABES QUE TE APRECIO MUCHO. SALUDOS A TU ESPOSO.